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lunes, 30 de marzo de 2015

LA INICIACION 1952 EDUARDO ALFONSO MEDICO FISIATRA

LA INICIACION 1952 EDUARDO ALFONSO MEDICO FISIATRA


Hay que actuar en la vida de acuerdo con las aptitudes y vocaciones personales. Pues como

decía Goethe, "al Yo hay que llegar por la acción siguiendo la vocación". Hacer en la vida

cualquier trabajo que no esté de perfecto acuerdo con las Vocaciones y aptitudes, estanca el

desarrollo del propio "Yo" y aparta, por consiguiente, del camino espiritual. Las vocaciones

y las aptitudes son potencias que trae nuestra alma, como fuerzas innatas y constituyen la

esencia misma de nuestro ser.

3) Hay que cultivar la actitud de "servicio", no dedicándose egoístamente al propio y

exclusivo desarrollo espiritual. "Los que quieran salvarse se perderán", dijo el Cristo.

Mucho más conseguirá en el sendero iniciático aquel que se olvide de si mismo para

ocuparse de los demás, que aquel que se ocupe exclusivamente de su propio progreso. Todo

lo cual no es sino una condenación más del egoísmo.

4) El iniciando ha de vivir una vida sencilla y desprovista, por tanto, de todo lo superfluo en

propiedad y ocupación. Es un bello símbolo que encierra esta idea, el símbolo del

nacimiento del Cristo en el humilde establo de Belén: es decir, la espiritualidad que

solamente nace en la sencillez y la humildad. Por esto Jesús dijo tristemente a sus discípulos

que "es más difícil que entre un rico en el Reino de los Cielos que un cable por el ojo de una

aguja".

5) El hombre que pretenda bollar el sendero, ha de obrar en la vida de acuerdo con lo que

piensa, pues como dice el conocido refrán: "el mejor predicador es fray ejemplo". Carece de

fuerza decir bellas cosas y hacerlas malas. El ejemplo de lo que "se hace" es la fuerza

suprema que induce a los demás a imitarnos; tanto más si va refrendado por nuestras propias

palabras y estas son verídicas. Es notorio que los hijos acaban imitando lo que han visto

hacer a sus padres; no siempre lo que les han oído.

Esta primera etapa de purificación personal y formación moral, realiza lo que

simbólicamente se ha llamado el nacimiento del Cristo interno, que equivale, en la iniciación

brahmánica, a la etapa de "Sotapana" o "dvila' (dos veces nacido). El iniciado es corno un niño en

el mundo espiritual, haciendo buena la frase de Jesús cuando dijo': "Tenéis que volveros como

niños para entrar en el Reino de los Cielos"; que también expresó en otra forma cuando dijo a

Nicodemo: "En verdad, en verdad te digo que para entrar en el Reino de los Cielos hay que

volver a nacer". En la iniciación buddhista se llamaba "Vimala".

SEGUNDA ETAPA

Dominio de las operaciones mentales e instrucción doctrinal

Comprende la técnica relativa a las facultades de la inteligencia, con objeto de

llegar al conocimiento y a la posesión de la verdad por elaboración propia y por propia

experiencia interna; como también el estudio de una doctrina filosófica que explique las

grandes interrogantes del Universo y del Hombre.

Sobre las operaciones de la inteligencia he tratado con cierta extensión en mi citada

obra "Problemas religiosos e Historia comparada de las Religiones" al hablar en el capítulo

19, sobre la "Teoría del Conocimiento".

Se infiere de lo dicho allí que, sin una buena observación de los objetos y una

poderosa concentración de nuestra conciencia en el ser o cosa (físico o metafísico) que

deseamos conocer, no hay posibilidad de llegar a la meditación, ni por consiguiente, al

"Toda técnica nace del espíritu" dijo clarividentemente el gran músico Franz Liszt.

Por esto, el fundamento de todo conocimiento estriba en la voluntad de conocer. La intensa

apetencia por descifrar nosotros mismos los enigmas de la vida, nos proporcionará la mejor

disposición para nuestro progreso intelectual. Insistamos una vez más en que sirve de poco

La técnica de la concentración del pensamiento se adquiere solamente con la práctica;

requiere el hábito de la atención y del estudio para ejercitar la facultad. El que no sea capaz de

lograr esto solamente puede esperar el conocimiento por la vía de la "intuición", pero esto no tiene

el valor universal que el raciocinio.

La concentración estriba en colocar y mantener en el foco de la mente al objeto del

conocimiento. La meditación estriba en captar mentalmente todas y cada una de las facetas lógicas

en que se nos puede dar un objeto. Con ello llegamos a realizar nuestra "representación" consciente

que, siendo concreta llamamos "pensamiento" y siendo abstracta llamamos "idea".

Adelantémonos a decir que la abstracción es el fundamento de todo conocimiento

filosófico y que solamente en el campo cae lo abstracto se puede hallar la "verdad".

La abstracción es la etapa final del conocimiento racional o discursivo y consiste en tina

generalización que permite la máxima certeza, y por medio de la cual se elabora la representación

genérica que llamamos "concepto", Por ejemplo; nosotros decimos: "el sol alumbra"; he aquí una

verdad concreta que como tal es muy relativa; porque, efectivamente, si nos metemos en una

caverna, el sol "no alumbra" y "tampoco alumbra" para los habitantes que están en ese momento en

el otro hemisferio de la tierra. Si generalizamos un poco más y decimos: "el sol emite rayos

luminosos", entonces esta verdad se hace más universal puesto que resulta cierta para los que están

en la caverna y para los que están en la noche, aunque ellos no reciban la luz. Mas también esta

verdad es relativa puesto que el sol no solamente emite radiaciones luminosas, sino también

caloríficas, etc. Podemos aún generalizar más diciendo simplemente: "el sol emite rayos"; y en este

caso nos colocamos más cerca de una verdad universalmente aceptable, pero todavía relativa puesto

que el sol no solamente emite radiaciones sino también emanaciones substanciales del éter. Si

damos un nuevo paso en la abstracción llegaremos a decir:

"El sol emite", con lo cual llegamos a una verdad que es aceptable para "todos" los casos

concretos a que nos hemos referido. Cuanto más abstracto el pensamiento más verdad encierra.

Y si esto ocurre en las verdades empíricas, calcúlese la importancia de este hecho en el

conocimiento de objetos metafísicos o ideales, como Dios, el alma, la Creación, etc., que

no pueden ser objetos de experiencia y en muchos casos tampoco de deducción racional.

Por este motivo, al primer período, de la segunda etapa de la iniciación le llamo

Hay ciertas operaciones de la inteligencia como la contemplación, la adoración y la

inspiración, que no pertenecen a la categoría del conocimiento racional, sino del intuitivo.

La intuición, que quiere decir "conocer viendo", es una forma de conocimiento directo,

supraracional o arracional, que supone la asimilación de una verdad, generalmente por vía

La contemplación es el conocimiento por vía de sentimiento, como ocurre en la intuición

estética y en la ética. Un cuadro, un paisaje o un concierto musical "se sienten" pero no se

razonan. El análisis destruye la contemplación. El sentimiento de caridad que se despierta

ante la contemplación del dolor ajeno, se anula con el razonamiento de la justicia divina

La adoración es conocimiento conseguido por amor. A esto aludía Platón cuando decía-.

"No hay gnosis sin eros", que luego repitió San Agustín diciendo: "No hay conocimiento

sin caridad". En puridad de verdad, no hay conocimiento cierto de una cosa mientras no

"se la siente" (-, "se la ama"; lo cual ya he explicado en mi citada obra.

La inspiración es una forma de conocimiento intuitivo con capacidad "creadora", que

debemos considerar como último peldaño de la inteligencia humana, propio del genio.

Pero esta etapa intelectual de la iniciación que hemos caracterizado por el hábito de la

abstracción, no se limita al campo de la inteligencia, sino que tiene sus inmediatas

consecuencias en los otros aspectos de la personalidad como son la vida moral y la vida

sentimental, ya que todo en nuestro ser humano va íntimamente relacionado.

En lo moral, el iniciando de esta etapa, debe realizar una suerte de "abstracción" de sus

relaciones con los demás seres, "generalizando" el sentimiento de fraternidad hacia los

demás hombres y los animales. Como dijo el Maestro Jesús, no tiene ningún mérito que

amemos a nuestros hermanos, sino que hemos de amar aun a nuestros propios enemigos.

Hay que sacar el corazón del recinto de la familia y de los amigos para llevarlo hasta los

extraños. Hay que cultivar para esto el sentimiento de simpatía como actitud "positiva" de

nuestra moral. Y de ello han de participar los animales, haciendo buena la frase de

Salomón: "El justo ama la vida de su bestia".

En lo puramente sentimental hemos de trascender el "devocionalismo" por el cual el

sentimiento se aferra a determinada fórmula, ídolo o persona, siendo "devotos" sin ser

"devocionales"; es decir guardando un íntimo respeto a todo lo que es elevado, bueno,

sublime o recto sin hacer diferencias de matices ideológicos, ni mucho menos desprecios a

lo que discrepa de nuestra manera de ver. El iniciando ha de comprender que los rituales y

ceremonias de cada religión, no tienen mayor importancia que la de ser un medio de

canalizar las fuerzas espirituales, pero que ellos por sí no crean espiritualidad, como el

canal no crea el agua que conduce. La espiritualidad es solamente fruto de las virtudes

llevadas a la práctica. Y el ceremonial o el acto de devoción sin la conducta recta son

En el aspecto mental, y corno consecuencia de todo lo expuesto, ha de trascenderse el

estudio de los fenómenos y mecanismos (ciencia positiva) para llegar al estudio de las

causas y principios (metafísica). Y al decir que debe "trascenderse" no quiero decir que

deba eludirse, por aquello de que "antes de conocer lo invisible debernos abrir nuestros

ojos a lo visible", para no perdernos en elucubraciones de la fantasía. El estudio de la

"filosofía" y con ello el cultivo de la razón en abstracto, acabará por formar en nuestra

conciencia los más sólidos y elevados conceptos.

Este período de abstracción que denomino así de una manera filosófica, corresponde

conceptualmente al grado de "Bautismo" y al grado de "Sakadagami", respectivamente, de

las iniciaciones simbólicas cristiana y brahmánica. En la iniciación buddhista

denominábase "Duramgama" (o "difícil de marchar"') en que el pensamiento se libra de lo

Como ya hemos dicho, la "intuición" es un conocimiento directo supraracional, de

un valor subjetivo, pero que generalmente, y sobre todo en objetos metafísicos, conduce a

un grado de convicción al cual no llega el conocimiento racional. Nadie se ha dejado matar

por una teoría filosófica, pero muchos mártires han perecido por su fe en Dios. La te no es

más que una intuición de los “valores" divinos.

inspiración, tienen como última finalidad proporcionar una convinccíón o sea la conciencia

Las operaciones intuitivas, ya mencionadas, de la contemplación, la adoración y la

En el aspecto intelectual, el cultivo de las operaciones "intuitivas” puede llevar a

estados psíquicos que trascienden los mecanismos corrientes de la inteligencia, como

son el éxtasis, el don profético, la revelación, la clarividencia, la gracia divina, la visión

beatífica, etc., incluidos en los conceptos de “paragnosia” o “metagnosia”

(conocimiento para normal y también llamado “sobrenatural”).

En el aspecto moral, el estado de conciencia a que se llega en esta etapa, supone la

renunciación o humildad en dicha y la resignación en el dolor. La renunciación estriba

en saber resistir los halagos de las tentaciones cuando la fortuna y el bienestar nos

favorecen; por consiguiente desarrollase espíritu de "sacrificio consciente" lo cual

revela la perenne conciencia del deber. La verdadera piedra de toque que nos evidencia

haber llegado a este estado de conciencia, está en no perder la alegría ni la calma

cuando el bienestar o la fortuna huyan de nuestro lado; es decir, la resignación en el

dolor, que es tanto como no caer en imposición, válida o desesperación.

En el aspecto sentimental, hay que desligarse del egoísmo del amor familiar, que, en

muchos casos no es realmente "amor", sino un sentimiento de simpatía enraizado en el

instinto de posesión. Si analizamos sincera e imparcialmente el sentimiento que nos liga

a las personas de la familia oiremos en cuantas ocasiones este sentimiento está basado

en el agrado y en la conveniencia de que nos sirvan, nos ayuden, nos escuchen cuando

tenemos ganas de hablar, nos soporten nuestro mal humor o nos cuenten algo cuando

no tenemos nada interesante en que pensar.

Dije en otro lugar ("Problemas Peligrosos Cap. IX. "La justicia humana y la

justicia divina") que la familia es la fórmula de bien administras instintos, pero la verdadera

espiritualidad estriba en superar los instintos mismos. Y este problema conviene

planteárselo en esta etapa, para que el sentimiento hacia la familia se convierta en

verdadero "amor" y por consiguiente en una actitud "completamente desinteresada". Y

esto será el principio del amor hacia los demás seres, para lo cual, evidentemente, no basta

cultivar un sentimiento de simpatía, sino que hay que calar más hondo, recurriendo, si es

necesario, a buscarlo por el camino del "deber" y de la justicia", que al fin son "actitudes

inteligentes" del amor y eluden "la afección al goce del amor humano" que es el verdadero

También hay que plantearse otro importante problema, como es el del dominio de

Algo hemos adelantado sobre este punto a tratar, en la etapa preparatoria, de la purificación

del cuerpo y de los sentimientos; y hay que suponer que el candidato a la iniciación se ha

esforzado por encauzar sus apetitos y deseos dentro de las normas de pureza ya descritas.

Pero, como puede suponerse, no hasta con haber cambiado ala alimentación o haber

atenuado los estallidos de las pasiones; sino que es necesario dominar las apetencias

gratificadoras de los sentidos (sensualidad) y el propio sentimiento (no ya solo el acto) de

la pasión o del deseo, o sean las "tentaciones".

En efecto: Cualquiera de nosotros puede haber cambiado su alimentación cárnea y

alcohólica por un estricto régimen vegetariano (lo cual ya es bien ventajoso), pero aun

puede cultivar su sensualidad gastronómica con las frutas sabrosas, las verduras y los

dulces, sin haber dominado la gula. Hay que llegar a no sentir la gula. De la misma

manera puede uno dominar un movimiento de agresión a otro que le injuria y le causa

indignación (lo cual es plausible), pero puede aun vibrar su sentimiento de cólera que

perturba su cuerpo y su alma. Hay que llegar a no sentir cólera.

Este dominio del sentimiento (que supone el dominio previo de los actos

consiguientes) solamente puede lograrse por la meditación de sus consecuencias objetivos

Toda esta labor interna que supone esta etapa de la iniciación, supone también un

cambio de "estado de conciencia" surgiendo el espíritu de "sacrificio consciente", o sea la

facultad de "cumplir con el deber", guste o no guste.

Este segundo período de la segunda etapa de la iniciación corresponde al grado de

"Anagami" (sin retorno) y al grado de "Transfiguración" de las iniciaciones simbólicas

brahmánica y cristiana, respectivamente. En la iniciación buddhista era el grado de

"Anutpattica" o "el que ve la realidad de las cosas".

Actitudes cardinales de la segunda etapa

El progreso psíquico que suponen los esfuerzos de la disciplina iniciática y el

dominio que., por otra parte, se va conquistando sobre la naturaleza inferior, presentan a

veces interferencias y conflictos que pueden desviar completamente de la verdadera ruta al

Conviene pues meditar sobre la significación y las consecuencias del desarrollo de

poderes psíquicos, de la medianidad, de la práctica del hipnotismo y del ascetismo.

Los poderes psíquicos, "vibhutis" o "carismas", no tienen ninguna utilidad para el

desarrollo espiritual y a veces son contraproducentes.

"Mohidin" el gran místico sufí de la España musulmana del siglo XII, dice

explícitamente en su "Fotuhat", que no deben apetecerse ni buscarse los carismas, sino

recibirlos sin alardes como un don de Dios, que aparece por cada virtud que se conquista.

Esta misma doctrina de la mística musulmana, pasó a la mística castellana con San

Juan de la Cruz y Sta. Teresa de Jesús, la última de las cuales afirma que los "carismas"

encierran graves peligros, confundiendo al verdadero religioso y haciéndole creer que son

una señal de auténtica espiritualidad, cuando en realidad pueden ser de consecuencias

satánicas y deben superarse con la práctica de las "virtudes macizas".

"Ramakrishna" en su evangelio rechaza también el cultivo de los poderes psíquicos,

ilustrando su criterio con al-unas instructivas parábolas.

En la doctrina "yoga" de Patanjali, del año 300 antes de J. C., se dice: "Los

individuos que hacen alarde de ciertos poderes psíquicos, no han llegado a yoguis, sino que

se han detenido- en una etapa parcial o inferior" (porque la mente no es el Yo, sino un

Está claro pues, refrendado por los eminentes testimonios citados, que los poderes

psíquicos (clarividencia, clariaudiencia, visión extrarretiniana, poder de levitación,

absefalesia (ponerse en contacto con el fuego sin quemarse), etc.) encierran evidentes

peligros si no se ha llegado a la perfección suficiente 'para su recto empleo, y es preferible

rechazarlos o no cultivarlos. De aquí los graves inconvenientes que se han señalado en esa

etapa de la iniciación "yoga" llamada "pranayama" o dominio de las "fuerzas vitales", en la

que se recomiendan ciertas formas de respiración para despertar ciertos "centros etéreos" y

las corrientes psicofísicas circulantes entre ellos, que a algunos ha conducido a psicopatías

o perturbaciones mentales que, en algunos casos (no siempre remediables) he tenido que

Igual tenemos que decir de la mediumnidad o facultad de servir de instrumento a

influencias psíquicas extrañas. No hay más camino recto y normal de influir en la

"psiquis" de otra persona que la persuasión. Cualquier otro camino es una verdadera,

desdicha para el influido y puede ser una maldición para el influyente.

El médium cuya facultad se explota en las sesiones "espiritistas", es un ','mentecato"

(o captado por la mente" en riguroso sentido etimológico) que abdica de su divina facultad

de sentir y pensar por cuenta propia, para convertirse en una máquina hipersensible de

pensamientos y sentimientos ajenos, vengan por caminos subconscientes o trascendentes.

Este hábito de escribir o hablar "al dictado", puede anular el "Yo" o estancar el progreso

espiritual, cuando no producir psicopatías y depresiones nerviosas que llevan a la ruina de

la razón. Pero por si no fuera poco el perjuicio que la mediumnidad acarrea al propio

médium, aun debo señalar el que acarrea a los que de él se aprovechan, con evidente falta

de conciencia o de caridad, que son gravísimos escollos en el sendero iniciático. La falta

de amor o la falta de conocimiento, suponen detención segura en el camino de perfección.

Él cultivo de la mediumnidad pasiva jamás está justificado' en el terreno espiritual. Otra

cosa es el prodigioso "carisma" de servir de canal conscientemente a una influencia

espiritual superior, cuando se ha llegado al grado requerido para ello, como Jesús cuando

después de la transfiguración sirvió de instrumento a la elevada presencia del "Cristo".

El hipnotismo o hecho de influir en la "psiquis" de otra persona mediante el "sueño

hipnótico" o estado "de trance", es igualmente recusable que la mediumnidad, porque

supone la abdicación de las facultades psíquicas del hipnotizado. La subordinación de éste

a la voluntad y al pensamiento del hipnotizador, a veces de un modo permanente, aun en

estado de vigilia, es evidente y peligrosa. El hipnotizado es también un "mentecato" o

"poseso" por la voluntad ajena. Y no cabe defender el hipnotismo, creyendo que por medio

de él pueden curarse ciertas psicopatías y ciertos vicios, porque la influencia favorable que

aparenta tener en estos casos, termina cuando muere el hipnotizador, lo cual prueba que no

se trata de una curación sino de una "contención". Y es que toda curación e corrección, de

cualquier orden que sea, tiene que ser hecha "por la propia voluntad" del paciente, si ha de

pretenderse una realización sólida, permanente y que no se oponga a la evolución

No negamos las cosas asombrosas y aparentemente "sobrenaturales" que pueden

lograrse con el hipnotismo y con el espiritismo, capaces de subyugar el ánimo de muchas

personal que necesitan de lo "milagroso" para creer en el más allá o en la existencia del

alma; pero debemos pensar desapasionadamente que todos estos efectos "paranormales"

son una de tantas manifestaciones de la "maya" o ilusión de la vida fenoménica, que, lo

mismo nos engañan que todas aquellas cosas que vemos "con los ojos de la cara", como

ellas contingentes, transitorias, cambiantes y perecederas, que nos atan a mundos de la

forma y por consiguiente nos apartan de la ruta de ascenso hacia el inundo de lo eterno, o

sea de lo que no cambia ni perece: mundo que hay que conquistar trascendiendo todo plano

El ascetismo, cuya denominación proviene del termino "askeos", meditar, no es, por

consiguiente, la mortificación del cuerpo sino la reforma de tino mismo por la meditación.

El cuerpo debe mantenerse fuerte para que sea digno instrumento de un espíritu también

fuerte. Recuérdese como el Buda abandonó a los ascetas, por creerlos equivocados, para

seguir el "sendero medio" y entregarse a la meditación por medio de la cual encontró su

doctrina de salvación. Si con el "ascetismo mortificador" trata de lograrse el

fortalecimiento de la voluntad, convengamos en que hay muchas maneras de fortalecer la

voluntad como son sacar adelante una numerosa familia, o estudiar una carrera y ejercer

Se puede hacer un alarde de voluntad mucho más útil para todos, aprendiendo a

tocar el "violoncello" o aprendiendo a hablar cuatro idiomas. La mortificación del cuerpo

es contraria a la ley natural y nada que vaya contra las leyes naturales está de acuerdo con

la Voluntad Divina, ni, por tanto, es espiritual. En cambio, el auténtico "ascetismo" que es

la meditación constante, es la fórmula de trascender la ignorancia, el dolor y todas las

calamidades humanas; en una palabra: -El camino de la salvación.

Viene aquí a punto el considerar las ventajas de la "oración" que es una forma de

La palabra correctamente empleada y emitida con voluntad (fervor), es de un poder

realizador verdaderamente extraordinario. Además toda palabra empleada en su verdadero

sentido, "evoca", "invoca" o "educe" la idea o espíritu que dio origen, creando o reavivando

una determinada forma mental" (idea o pensamiento) que se convierte en una fuerza protectora.

La eficacia de la oración exige la actitud de humildad o sumisión, Una pretendida

oración en tono imperativo o rabioso carece por completo de virtud. Y esto se debe a que

la oración (invocación a lo superior) se realiza según ley de jerarquía en que lo inferior se

subordina a lo superior. Lo contrario de la plegaria seria una "maldición", cosa que

indudablemente también tiene su fuerza si se emplea la palabra adecuada, pero que se

estrella contra la férula protectora de una invocación altruista, pura y desinteresada.

La clave de la oración estriba precisamente en su carácter desinteresado, pues como

ya he dicho en otra parte, “nunca ha de estar en los designios de lo superior, ni violentar

una ley de Dios, ni conceder algo que responda al deseo egoísta de la naturaleza inferior y

sino al orden de finalidad de la naturaleza superior".

Pensemos en que la eficacia de la oración o plegaria estriba en poner en acción

potencias de la naturaleza espiritual. Y para conseguir esto, nuestra persona ha de adoptar

una actitud sumisa hacia los "valores superiores" y conciente de que no se puede invocar la

realización de un deseo que vaya contra las leyes naturales.

Fundamentada la oración sobre estas bases, solamente falta buscar la fórmula de

expresión, es decir, las frases adecuadas; pero no para decirlas rutinaria y mecánicamente,

sino meditando lo que se dice, para despertar el pensamiento o el sentimiento

correspondiente, que es lo que puede transformarse en acto.

Fórmulas para orar hay en todas las religiones del mundo, y la costumbre de

emplearlas, indudablemente, da fortaleza espiritual y rectitud moral, aunque lo menos que

puede lograrse con ellas es un íntimo consuelo que no puede desdeñarse.

El hombre que ora encuentra siempre una respuesta superior, y si ora improvisando

la oración, llevado de un sentimiento fervoroso y vehemente, entonces la respuesta de lo

alto puede ser decisiva y luminosa.

Así pues, la oración es un medio de caminar con pasos más seguros por el sendero

iniciático; pero es estéril para este objeto si el esfuerzo y la conducta no la acompañan.

TERCERA ETAPA

De realización espiritual

Es la consecución de la finalidad iniciática, con la definitiva disposición de la

voluntad a la colaboración con la ordenación universal y como fuerza gobernadora de todo

Es la iluminación plena del alma por los "valores divinos"

a) Período de volición

La educación de la voluntad, que se ha venido preparando durante las anteriores

etapas iniciáticas, con los esfuerzos conscientes de dominio personal, se traduce ahora en

una plenitud volitiva que no es otra cosa sino el florecimiento de los tres grandes poderes o

"virtudes" llamados Fe, Esperanza y Amor: Fe o virtud de acción, Esperanza o virtud de

intelección, y Amor o virtud de creación, como ya he explicado en mi citada obra.

Las virtudes (de "vir", poder) constituyen el origen de las intenciones. Estas son

las disposiciones o direcciones fundamentales de nuestros actos. Las intenciones (que son

voliciones en potencia) se convierten en voliciones (que son intenciones en acción) y estas

son el movimiento de realización de nuestros actos.'

Las intenciones de la voluntad se modifican con la meditación y el conocimiento

(de aquí la necesidad de la segunda etapa dedicada a la educación mental). Al mortificarse

el estado de "conciencia" se modifica también el estado de "senciencia" (propiedad de

sentir y querer)) y con ello la intención.

La voluntad dirigida por las grandes virtudes del alma, gobierna efectivamente a

todos los demás elementos y vehículos de] individuo.

En lo que respecta al cuerpo físico, la, tiranía de los apetitos materiales se ha

trocado en hábitos -de pureza y de dominio de si.

En lo que se refiere al plano emocional, los anhelos vagos y los deseos

desordenados se han convertido en afecto y simpatía.

En lo que concierne a las funciones mentales, los prejuicios y los pensamientos

concretos se han abstraído en conceptos por elaboración intelectual.

El iniciado de esta etapa, consciente de su esencia divina en las limitaciones de la

carne, se siente como "crucificado" en la materia, y muchas veces se cierne sobre él ese

estado de conciencia que se ha llamado la "noche espiritual", en el que su espíritu (como el

de "Cristo" en la agonía de la cruz) se encuentra dolorido, escarnecido y solo, muchas

veces torturado por esas "bebidas amargas" de la traición, la negación y el abandono, como

con tan vigorosos trazos nos Pinta San Juan de la Cruz en "La noche oscura del alma" y

modernamente A. Besant en su "Noche espiritual", donde hace acertadas consideraciones

sobre la acción de las "Potencias de la Noche" que "con una sola de sus ráfagas parecen

ahuyentar todos los tesoros espirituales que largos años de prueba e incesante trabajo

Pero, no debe abatirse el candidato, si por ley de su destino hallase en semejante

trance. ¡Hay que morir para después resucitar!

Hay que bajar al "sepulcro" o se a "descender a los infiernos" como hicieron

simbólicamente los grandes iniciados ("Orfeo", ' Cristo", etc.), que equivale a descender a

estados de conciencia "inferiores" o "infernales", para "resucitar al tercer día de entre los

muertos" (según la simbólica frase de las iniciaciones egipcias en su prueba final) y

"ascender a los cielos" en definitiva y apoteósica liberación.

Este concepto y no otro encierra la expresión cristiana de "subir al cielo en carne

mortal" que es el mismo concepto buddhista del "Upadhisesha" o "nirvana alcanzado en

este mundo". Tras la noche espiritual "se resucita" definitivamente en la conciencia divina.

Al llegar a tal grado de volición, el iniciado ha trascendido sus deseos de vida en

mundos de manifestación, y toda inclinación a la vanidad (actos sin fondo) y a la auto-
justicia. Es difícil para el que no ha llegado a este grado, imaginarse un estado de

conciencia que haya logrado anular todo pensamiento o todo acto que no lleve una

finalidad deliberada que al mismo tiempo haya y superior, y alcanzado esa sublime

despreocupación por la vida fenoménica de este mundo, Conde el mal son pura ilusión.

Este primer período de la tercera etapa, también llamado "cuarta iniciación" se

corresponde con el grado de "Arhat" o "Arhattva" (absorción en lo divino) de la iniciación

brahmánico-budhista y con la etapa de "crucifixión" en los misterios cristianos. En la

iniciación buddhista identificase con el grado de "Abhimukhi" ("Vuelto hacia") o de

b) Apoteosis o Gran Iniciación

Consiste en la realización espiritual plena, tras la cual se ha trascendido el mal y el

dolor. Estado de perfección al que solamente han llegado en la historia humana, esos

genios o "Grandes Iniciados" que han dado a los hombres los altos mensajes del espíritu y

las normas de su convivencia; tales como Hermes-Orfeo, Krishna, Moisés, Pitágoras,

Buddha, Lao-Tseu, Jesús, San Francisco, Zoroastro y otros.

Todos estos hombres que realizaron lo divino en lo humano, que fueron verdaderas

encarnaciones del Verbo divino, que ya no tenían nada que aprender porque fueron

esencialmente omniscientes hubieron conseguido la total sublimación de todas las

En el aspecto consciente, la "abstracción de la Unidad" de todas las cosas; lo que

equivale a la desaparición de la "ilusión de separatividad", según aquella frase

terminante e insistente de los Vedas, que nos dice: "Ta twan asi": "tu eres esto".

Añádase todavía la clara conciencia del Plan Universal y el pensamiento

indeclinable de colaboración en él.

En el aspecto senciente, el sentimiento de Amor universal y la identificación con la

Voluntad cósmica o divina. Este estado de conciencia lleva consigo la perfecta

serenidad (cualidad privativa de los espíritus luminosos) y la ausencia de todo

Los Grandes Iniciados han merecido también el calificativo de "Maestros de

Compasión” porque renunciaron al disfrute de su “morada espiritual” para sacrificarse por

los hombres, hacerse participes de sus dolores y darles un mensaje y un ejemplo de

liberación, elevándose a la vida que no tiene fin.

Estos grandes renunciadores, generalmente sacrificados por aquellos a quienes

trataron de redimir, fueron la personificación de ese estado de espíritu que ha sido llamado,

en el simbolismo filosófico-religioso, Brahma-Nirvanam, Samvriti, Paranirvana,

Anupadhiseslia, Apoteosis, Epifanía y Glorificación; siendo Ellos "Hijos de Dios" y

"Salvadores" llamémosles genéricamente "Nirmanakayas", "Mahatmas", "Tathagatas",

"Buddhas", "Cristos" o "Adeptos".

CONSIDERACIONES Y CONSEJOS FINALES

Terminado este programa de perfección humana, en el que he tratado de hacer una

exposición orgánica de ese proceso que llamamos Iniciación, réstame puntualizar distintos

aspectos de orden práctico que han de ser útiles al estudiante o iniciando de buena

El abrirse el alma a los valores del espíritu no está en nuestro poder en un momento

determinado; esto viene solo por la iluminación interna cuando, merced al esfuerzo

desinteresado de superación, se ha conseguido determinado grado de "evolución anímica".

El sentimiento de Dios o del aspecto divino del propio "Yo" (Cristo en nosotros) no

se puede comunicar por enseñanza; es decir, no se puede iniciar a otro. La intuición de los

valores absolutos se despierta en nosotros solamente por esfuerzo personal o por la "gracia

de Dios". Por esto dijo Cristo: "Aunque soy yo el que da testimonio de Mi, mi testimonio

es veraz"; frase que tiene otras frases gemelas en la literatura religiosa, como aquellas de

"No hollarás el Sendero mientras no te conviertas en el Sendero mismo" ("Luz en el

Sendero"), "Nadie sabe lo que es el Gral. como no venga conducido por el Gral. mismo"

("Parsifal"), "Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va" (Romance del "Infante

A nadie convencen los argumentos para explicar la existencia de lo Divino más que

a los ya creyentes. Todo esto podría llevar al convencimiento de que en materia de

iniciación religiosa es inútil buscar un "maestro" haciendo buena la afirmación de Proclo de

que "las almas grandes se inician por si solas". Pero esto no es así de una manera general;

y en este, como en otros caminos del conocimiento, la necesidad de una técnica o de un

orden, así como la utilidad de la sabia experiencia de otros, exige en la mayor parte de los

casos, la dirección de un "maestro", pero con muy especiales condiciones en esta materia.

EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO

En el orden espiritual, el Maestro no es un simple expositor de doctrina; o dicho de

otro modo, el Maestro no realiza solamente una labor docente. La característica del

magisterio espiritual estriba en que la enseñanza intelectual tiene que ir necesariamente

acompañada de la simpatía y del ejemplo. Hay que vivir, lo que se predica cómo ya he

dicho, y vivirlo cordial y bondadosamente.

Solamente en esta actitud puede surgir el amor admirativo del discípulo, que es la

condición sine qua non para que este capte intuitivamente el estado de conciencia del

Maestro. (O dicho en términos que viva en su misma "mora, os iniciáticos, parada").

En el sendero de la iniciación, para educir la conciencia de los valores divinos, tiene

más eficacia la intuición subjetiva de una idea que su explicación racional, y esto exige un

"trasiego de sentimientos por simpatía penetrativa" (como dijo Gründler") entre el Maestro

y el discípulo. Lo cual, por otra parte, se acrecienta cuando el discípulo convive en plano

de humildad y de servicio con el Maestro.

De esta manera véase frecuentemente que, personas sin cultura pero llenas de

cualidades morales (humildad, generosidad, buena voluntad...) son capaces de

"comprender" y de "sentir" conceptos que jamás hubiesen atisbado por camino racional.

La pedagogía iniciática es esencialmente "educativa", es decir "saca" (o "educe")

del discípulo las cualidades y facultades que yacen en su psiquis potencialmente. Es un

"despertar" espiritual que hace buena aquella frase de Platón de que "Aprender es

Los estados de conciencia o "modos abstractos" de la mente, son (por ser

conceptuales) mucho más sólidos y verdaderos que las representaciones concretas de los

objetos. Y la iniciación es la conquista progresiva de "estados de conciencia" cada vez más

elevados y no el incremento de la cultura intelectual o erudición. El iniciado no ha de ser

un intelectual sino un inteligente. Aunque la cultura nunca sea desdeñable y si muy

deseable, sobre la firme base de unos pocos conceptos sólidos y verdaderos.

Con lo dicho creo que puede comprenderse bien el sentido que deben tener los

conceptos de Maestro y Discípulo en el orden espiritual.

Ahora bien: El acatamiento a las ideas y a la conducta de un Maestro, no equivale a

una adhesión pasiva e incondicional que implique la anulación de las propias facultades de

pensar y de sentir. No; todo lo que vaya contra nuestra razón y contra nuestro sentimiento,

debe ser objeto de interrogación y análisis, por muy directamente que proceda del '

Maestro. Repitamos que el Maestro es un "educador", pero no un mero instructor; y

digamos también que, todo aporte de conocimiento que proceda del Maestro tiene que

transformarse en vivencia para que tenga eficacia espiritual en el discípulo. Hay que ungir

las ideas con el calor del sentimiento.

Es por esto por lo que la metafísica religiosa, se ha expuesto más frecuentemente en

forma mitológica que filosófica. La fábula o mito llega más fácilmente a la conciencia de

las gentes que el razonamiento lógico; y esto ocurre sencillamente porque el primero va

acompañado del factor sentimental. También el arte, que despierta en nosotros "intuiciones

estéticas", es un elemento de inapreciable valor para la iniciación. Muchas cosas que no

llegan a nuestra conciencia por el camino de la inteligencia racional, si llegan por el camino

de la "intuición estética". La sublimidad de la emoción divina, que muchas veces no puede

concebirse por simple descripción literaria, puede lograrse oyendo música religiosa de

Haydn, de Haendel, de Bach, de Beethoven o de Wagner. La comprensión de lo que

supone el estado del alma "en el infierno", es más fácil escuchando los preludios de los

actos 2 y 3 del "Sigfredo" de Wagner que leyendo las espeluznantes descripciones del

Dante. Una "madona" de Rafael da más idea de la virginidad o "pureza del corazón" que

los más elocuentes textos mariolátricos.

En fin: - Los que soñamos con una humanidad mejor, y tenemos fe en que puede

conseguirse, siquiera sea entrando por el "angosto camino" y por la "puerta estrecha" que

conducen a la salvación, debemos pensar seriamente en todo cuanto queda expuesto y

tomar nuestro báculo y comenzar paciente y fervorosamente el ascenso por el "sendero"

que conduce a la anhelada cima.

En San Salvador a 9 de Febrero de 1952.

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